¿Pueden calificarse como enfermedad laboral los problemas de salud de una limpiadora?

Si los problemas de salud de una limpiadora tienen su origen en el trabajo que desempeña, la baja debe considerarse como enfermedad laboral
Las limpiadoras también tiene derecho a que se les reconozca una enfermedad laboral

La enfermedad laboral y la enfermedad común difieren en su origen y, también, en los derechos de las personas que las padecen. No se encuentra en la misma situación un profesional que sufre problemas de salud originados por el desempeño de su actividad laboral, que un trabajador que padece alguna patología sin que esta tenga relación con el trabajo que realiza.

Teniendo en cuenta este contexto, hoy nos hacemos la siguiente cuestión:

Los problemas de salud de una limpiadora, ¿pueden ser reconocidos como enfermedad laboral?

Esta pregunta, cuya respuesta, a priori, parece sencilla, no lo ha sido tanto. Como ocurre habitualmente, ha tenido que ser el Tribunal Supremo, el que en Sentencia de 20 de septiembre del pasado año, ha arrojado luz sobre la materia.

Enfermedad laboral vs. Enfermedad común

La discusión surge porque la profesión de limpiadora no aparece incluida en el Anexo I del Real Decreto 1299/2006, por el que se regulan las enfermedades profesionales. Y, en concreto, a raíz de la baja por enfermedad común causada por una trabajadora que presentaba dolor en un hombro.

Dicha trabajadora presentó una solicitud de determinación de contingencia, al considerar que el origen de la baja era una enfermedad laboral y no una común. Sin embargo, el INSS dictaminó que el origen era común, manifestando la trabajadora su disconformidad con este criterio.

Tras un análisis pormenorizado de la normativa laboral en vigor y de la jurisprudencia, el Tribunal concluye que el origen de las dolencias que padece se encuentra en el trabajo que realiza y que, por lo tanto, estamos ante una enfermedad laboral.

Ausencia de profesiones muy feminizadas

En primer lugar, porque el listado de actividades profesionales contempladas en el RD no es una lista cerrada, sino indicativa y puede extenderse a otros oficios y profesiones distintas de las enumeradas en el mismo.

En este sentido, en el cuadro de enfermedades profesionales aparecen dolencias provocadas por posturas forzadas y movimientos repetitivos en el trabajo. Así como profesiones masculinizadas como pintores, escayolistas, montadores de estructuras, curtidores o mecánicos. Sin embargo, no aparecen contempladas profesiones muy feminizadas como las ligadas al sector sanitario y sociosanitario, limpieza y tareas administrativas.

Y precisamente, porque las labores que efectúan las limpiadoras conllevan la realización de esfuerzo físico, el listado de actividades profesionales debe extenderse a estas trabajadoras. Puesto que en su día a día llevan a cabo acciones que requieren en numerosas ocasiones mantener los codos en posición elevada, como la limpieza de techos y paredes. O que tensan los tendones como las tareas de fregado y desempolvado.

El TS ha concluido que si una limpiadora sufre dolencias relacionadas con sus actividades profesionales debe considerarse que padece una enfermedad laboral

Discriminación indirecta

Otra de las razones por las que el Tribunal determina que la incapacidad temporal de la limpiadora se trata de una enfermedad laboral es que la no inclusión de esta profesión en el Real Decreto supone una discriminación indirecta.

Ciertas profesiones fuertemente masculinizadas se benefician de la presunción de que estamos ante una enfermedad laboral. En cambio, en la profesión de limpiadora, fuertemente feminizada, para el diagnóstico de la enfermedad laboral se exige acreditar la realización de los movimientos anteriormente mencionados.

Mediante esta argumentación, la sentencia introduce la perspectiva de género y aplica el principio de igualdad de trato. Dicho principio exige eliminar no sólo la discriminación abierta, sino cualquier tipo de discriminación encubierta, que implique el mismo resultado.

De esta forma, se consagra un derecho fundamental de nuestra Constitución, que aparece constantemente recogido en las resoluciones dictadas por los Tribunales de Justicia.