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1. Una obligación contable con impacto directo en el resultado
Pocos CEO o CFO dedican la misma atención al valor de sus existencias que a la cifra de ventas o al EBITDA. Y sin embargo, la valoración del inventario asignada por la empresa al cierre del ejercicio condiciona de forma directa el coste de las mercancías vendidas, el resultado del período y, en consecuencia, la base imponible del Impuesto sobre Sociedades. No solo se trata de una cuestión logística, se trata de imagen fiel, de fiabilidad de la información financiera, del resultado real y de responsabilidad en la gestión.
Quien haya leído nuestra reciente publicación sobre las implicaciones contables del registro horario, habrá comprobado que determinadas obligaciones, aparentemente alejadas del ámbito contable, pueden acabar sacudiendo el balance de cualquier compañía.
Con la valoración de las existencias sucede algo similar, aunque con un mecanismo diferente: aquí el riesgo no proviene de una sanción externa cuantificable, sino de un error interno en los criterios de valoración del inventario que contamina el resultado del ejercicio desde su propia base.
Para aterrizarlo, conviene seguir cuatro preguntas sencillas:
- Qué entra en existencias.
- Cómo se calcula su coste.
- Cuándo debe corregirse su valor.
- Qué controles permiten sostener esa cifra ante terceros.
2. Concepto y relevancia de las existencias en el marco contable
Las existencias comprenden el conjunto de bienes que una empresa almacena con la intención de venderlos, transformarlos o consumirlos en el curso ordinario de su actividad: mercaderías en una empresa comercializadora, materias primas y productos en curso en una empresa industrial, o productos terminados listos para su distribución.
Se integran en el Grupo 3 del cuadro de cuentas del Plan General de Contabilidad y constituyen, para numerosas empresas, especialmente en los sectores de distribución, alimentación, construcción y manufactura, una de las partidas de activo corriente de mayor peso relativo en el balance.
Su relevancia contable es inmediata: el valor asignado a las existencias finales determina, por diferencia con las compras del ejercicio y las existencias iniciales, el consumo de mercaderías o materias primas que se imputa a la cuenta de resultados. Un incremento del valor de las existencias finales reduce el coste de ventas y, por tanto, incrementa el resultado; una disminución produce el efecto inverso. Cuando esa cifra no responde a una valoración rigurosa, todo lo que se construye sobre ella, resultado contable, tributación, análisis de rentabilidad, decisiones de inversión, queda comprometido.
Ejemplo práctico: por qué una diferencia de valoración cambia el resultado
Imaginemos una empresa con compras de 1.000.000 euros, existencias iniciales de 200.000 euros y existencias finales valoradas en 300.000 euros. Su consumo contable sería de 900.000 euros. (Consumo = Existencias iniciales + compras – existencias finales)
Si las existencias finales estuvieran sobrevaloradas en 50.000 euros, el consumo real ascendería a 950.000 euros y el resultado se habría presentado 50.000 euros por encima de la realidad.
La conclusión es sencilla: la correcta valoración del inventario no es un ajuste técnico menor, sino una condición para que la cuenta de resultados diga la verdad.
3. La NRV 10.ª del Plan General de Contabilidad: el marco normativo de referencia para la valoración del inventario
El Plan General de Contabilidad (PGC), aprobado por Real Decreto 1514/2007 y sus posteriores modificaciones, dedica su Norma de Registro y Valoración número 10 (NRV 10.ª) específicamente a las existencias.
Esta norma, de aplicación obligatoria para toda empresa que formule sus cuentas conforme al PGC, con independencia de su tamaño, forma jurídica o sector de actividad, establece el marco que debe regir tanto la valoración inicial como la valoración posterior de las existencias.
Su contenido ha sido objeto de desarrollo reglamentario por la Resolución de 14 de abril de 2015, del Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC), por la que se establecen criterios para la determinación del coste de producción (publicada en el BOE núm. 97, de 23 de abril de 2015), norma de obligado cumplimiento para todas las empresas que apliquen el PGC, el PGC-PYMES o las Normas para la Formulación de las Cuentas Anuales.
La NRV 10.ª aborda dos cuestiones fundamentales:
- Determina cómo debe calcularse el coste de incorporación de las existencias al patrimonio empresarial, distinguiendo entre el precio de adquisición, aplicable cuando los bienes se obtienen de un tercero, y el coste de producción, cuando la propia empresa los fabrica o transforma.
- Establece los métodos admitidos para la asignación de valor a las unidades que permanecen en el almacén al cierre, teniendo en cuenta que no todas se han adquirido o producido al mismo coste.

4. Los métodos de valoración del inventario que contempla la norma
La NRV 10.ª del PGC desarrolla los siguientes criterios de valoración:
El precio de adquisición comprende el importe facturado por el vendedor después de deducir cualquier descuento, rebaja en el precio u otras partidas similares, más todos los gastos adicionales que se produzcan hasta que los bienes estén disponibles para su venta. La norma exige, por tanto, la incorporación de todos los costes necesarios para situar las existencias en las condiciones de su utilización o venta prevista.
El coste de producción se aplica cuando la empresa fabrica o transforma los bienes. Incluye el precio de adquisición de las materias primas y otras materias consumibles, los costes directamente imputables al producto, fundamentalmente la mano de obra directa y la parte razonable de los costes indirectos de fabricación vinculados al período y a una capacidad normal de producción. Quedan fuera los costes de subactividad o capacidad ociosa, que deben imputarse al resultado del ejercicio.
Dicho de forma práctica: no todo coste que soporta la empresa puede incorporarse a la valoración del inventario; sólo deben activarse los costes necesarios para poner las existencias en condiciones de venta o utilización, excluyendo, por ejemplo, los costes derivados de capacidad productiva ociosa.
Cuando existen productos intercambiables entre sí, esto es, unidades idénticas adquiridas a precios distintos en momentos diferentes, la norma admite dos métodos de asignación de valor:
El precio medio ponderado (PMP) calcula un coste unitario medio de todas las unidades disponibles, ponderado por las cantidades y precios de cada entrada. Es el método más extendido en la práctica empresarial por su sencillez de cálculo y por ofrecer un valor de existencias que suaviza las oscilaciones de precios.
El FIFO (First In, First Out) asume que las primeras unidades incorporadas al almacén son las primeras en ser vendidas o consumidas, de modo que las existencias finales quedan valoradas a los precios de las adquisiciones más recientes. Este método refleja con mayor precisión el coste de reposición, pero puede generar un beneficio contable superior en entornos inflacionistas.
Ejemplo práctico: PMP y FIFO, dos formas distintas de valorar el almacén
Supongamos que una empresa adquiere 1.000 unidades a 100 euros por unidad y, posteriormente, otras 1.000 a 120 euros por unidad. Bajo el método PMP, las salidas se valoran a un coste medio ponderado de 110 euros por unidad. En cambio, bajo FIFO, se consideran consumidas primero las unidades más antiguas: las primeras 1.000 a 100 euros por unidad y, agotadas estas, las restantes a 120 euros por unidad.
La diferencia, aparentemente pequeña, puede tener un impacto significativo en el resultado del ejercicio cuando los volúmenes de existencias son elevados.
El PGC adopta con carácter general el PMP como método de referencia para existencias intercambiables, aunque permite el FIFO cuando resulte más conveniente para la gestión de la empresa. En todo caso, el principio de uniformidad exige mantener el criterio elegido de forma constante para existencias de naturaleza y uso similares. La modificación del método de valoración del inventario solo resulta admisible cuando el cambio conduzca a una mejor expresión de la imagen fiel, debiendo informarse en la memoria de las cuentas anuales
5. Riesgos derivados de una valoración del inventario inadecuada
Las consecuencias de una valoración del inventario incorrecta trascienden del ámbito contable. La siguiente tabla resume los principales focos de riesgo y sus posibles efectos y señales.
| Tipo de riesgo | Consecuencia | Señal de alerta |
|---|---|---|
| Fiscal | Sobrevalorar incrementa la base imponible y genera un pago de tributos superior al debido. Infravalorar puede ser interpretado por Hacienda como minoración indebida, con liquidaciones complementarias, intereses y sanciones. | Diferencias recurrentes entre el inventario contable y el físico; cambios de criterio de valoración sin justificación documentada. |
| Financiero | Un inventario mal valorado distorsiona ratios clave como liquidez, fondo de maniobra o rotación de existencias, y puede llevar a entidades financieras o inversores a tomar decisiones sobre premisas erróneas. | Ratios de liquidez o de rotación que mejoran sin que haya una causa operativa que lo justifique; ajustes de auditoría recurrentes sobre existencias. |
| Gestión | La dirección toma decisiones sobre datos contaminados. El cuadro de mando financiero se resiente y las decisiones estratégicas adoptadas sobre cifras incorrectas pueden traducirse en pérdidas reales. | Márgenes por producto que no se sostienen; desviaciones entre el presupuesto y el resultado real sin causa aparente en ventas ni en costes directos. |
6. Inventario y necesidades operativas de fondos: el impacto en la financiación del circulante
La correcta valoración del inventario no solo afecta al resultado contable: también condiciona el cálculo de las necesidades operativas de fondos (NOF), entendidas, de forma simplificada, como la inversión neta que la empresa debe mantener en su ciclo de explotación para comprar, almacenar, vender y cobrar antes de pagar o ser financiada por sus proveedores.
Si el inventario está sobrevalorado, las NOF pueden aparecer artificialmente infladas y llevar a sobredimensionar líneas de circulante, pólizas de crédito o necesidades de financiación. Si está infravalorado, la empresa puede subestimar la caja necesaria para sostener su actividad ordinaria y tensionar su liquidez en momentos de crecimiento, estacionalidad o acumulación de stock.
Ejemplo práctico: cómo una valoración incorrecta del inventario distorsiona las NOF
Una compañía presenta existencias por 500.000 euros, saldos de clientes por 700.000 euros y proveedores por 450.000 euros. Sus NOF simplificadas ascienden a 750.000 euros (500.000 + 700.000 – 450.000). Si una revisión posterior acredita que el inventario estaba sobrevalorado en 100.000 euros, las NOF reales serían 650.000 euros.
La diferencia no es meramente contable: puede alterar la planificación de tesorería, la negociación bancaria, los límites de financiación y la lectura de la eficiencia del circulante.

7. La corrección valorativa por deterioro: una obligación frecuentemente desatendida
La NRV 10.ª impone, además, la obligación de efectuar correcciones valorativas cuando el valor neto realizable de las existencias, esto es, el importe que la empresa espera obtener de su enajenación en el mercado, deducidos los costes estimados necesarios para llevarla a cabo y, en el caso de productos en curso, los costes de terminación, sea inferior a su precio de adquisición o a su coste de producción.
Para determinar con rigor ese coste de producción que sirve como referencia en la comparación con el valor neto realizable, resulta imprescindible aplicar los criterios establecidos por la Resolución del ICAC de 14 de abril de 2015, que define con precisión qué componentes de coste deben integrarse en la valoración del producto y cuáles quedan excluidos.
Esta obligación, derivada del principio de prudencia recogido en el Marco Conceptual del PGC, resulta especialmente relevante para empresas con productos de alta estacionalidad, ciclo tecnológico corto o elevada sensibilidad a las fluctuaciones del mercado. Sectores como la electrónica de consumo, la moda, la alimentación perecedera o la construcción presentan un riesgo estructural de obsolescencia o depreciación que debe ser evaluado y, en su caso, registrado al cierre de cada ejercicio.
En este punto no basta con una intuición de pérdida de valor. La corrección debe apoyarse en evidencias contrastables: precios de venta recientes, rotación del producto, contratos en firme, costes pendientes, gastos de comercialización y previsiones coherentes con la realidad del mercado.
Su incumplimiento no solo vulnera el marco normativo contable, sino que puede generar una sobrevaloración del activo que comprometa la fiabilidad de las cuentas anuales ante auditores, registradores mercantiles y organismos supervisores.
8. La importancia de los controles internos y la verificación independiente de la valoración del inventario
Un sistema de valoración del inventario que no se concilia periódicamente con los inventarios físicos, que no documenta los criterios de imputación de costes indirectos, que no evalúa la necesidad de correcciones valorativas o que cambia de método sin la debida justificación y transparencia puede convertir una obligación contable aparentemente satisfecha en el origen de contingencias fiscales, ajustes de auditoría o pérdida de confianza por parte de los grupos de interés.
Mantener controles internos robustos y someterlos periódicamente a verificación por profesionales independientes constituye una inversión cuyo retorno se mide en contingencias evitadas.
A efectos ilustrativos, proponemos la siguiente lista de comprobación como herramienta de revisión periódica por responsables financieros, de control de gestión o de auditoría interna:
| Área/Concepto | Acción |
|---|---|
| Recuento físico | Programar recuentos periódicos, reforzándolos en referencias de alta rotación, valor significativo, obsolescencia potencial o riesgo de merma. |
| Conciliación | Conciliar los recuentos con los registros contables y auxiliares, documentando diferencias, mermas, roturas, caducidades, robos o deterioros físicos. |
| Coste | Documentar la composición del coste de adquisición y de producción, distinguiendo costes directos, indirectos, gastos financieros capitalizados y costes excluidos. |
| Costes indirectos | Aprobar los criterios de imputación de costes indirectos, incluyendo bases de reparto, capacidad normal, subactividad y desviaciones frente a costes estándar. |
| Método de valoración | Verificar que el método de asignación de valor (PMP o FIFO) sea uniforme para existencias de naturaleza y uso similares, y que cualquier cambio esté justificado. |
| Valor neto realizable | Evaluar al cierre el valor neto realizable con evidencias contrastables: precios, contratos, rotación, costes pendientes, gastos de comercialización y previsiones de venta. |
| Deterioro | Analizar el deterioro por categorías homogéneas o, cuando proceda, por referencia o unidad, especialmente en bienes obsoletos o no intercambiables. |
| Registro y evidencia | Registrar deterioros y reversiones, dejando evidencia del cálculo, las circunstancias que los motivan, su impacto en resultados y la información a incluir en memoria. |
9. La importancia de una mirada forensic en la valoración del inventario
En Vento Abogados & Asesores abordamos la valoración del inventario desde una perspectiva forensic: no nos limitamos a revisar si el criterio contable existe, sino si está suficientemente soportado, si se aplica de forma consistente y si resiste una revisión de auditoría, fiscal o de terceros interesados.
Nuestro equipo Forensic combina conocimiento contable, fiscal y de análisis financiero para detectar incoherencias en inventarios, criterios de imputación de costes, deterioros no registrados, cambios de método insuficientemente justificados o debilidades de control interno.
Esa visión transversal nos permite anticipar contingencias, preparar evidencia defendible y reforzar la fiabilidad de la información financiera antes de que el problema llegue a una inspección, una auditoría, una operación corporativa o un conflicto societario.
10. Conclusión
La valoración del inventario es una de las variables contables más relevantes en la determinación, del resultado de una empresa y, con él, del conjunto de decisiones financieras, fiscales y estratégicas que se adoptan a partir de los estados financieros.
La mejor corrección valorativa es la que nunca hay que dotar: aquella que se evita con un inventario bien gestionado, unos criterios de valoración del inventario rigurosamente aplicados y evidencia suficiente para sostenerlos. Porque la pregunta decisiva no es solo cuánto vale el almacén, sino si la empresa está preparada para defender ese valor cuando realmente importa.







